Cuando la fiesta no sale como lo planeaste.

Te aseguro que nada en este mundo te prepara para las emociones que se desencadenan dentro de vos en ese preciso instante en que el reloj marca las 01:00 de la madrugada y la invitación decía “Te espero a las 22:00”.

Pasas meses enfocada en planear la fiesta para esa personita especial y pones todo tu esfuerzo para que todo salga de la mejor manera posible. Incluso toda la familia se pone al hombro los preparativos y te salvan cuando sentís que no das más y toda tu fuerza se está agotando.

Cuando llega el día tan esperado te sentís orgullosa por todo lo que hiciste hasta ese momento, y das gracias a Dios por que pudiste llegar con el tiempo justo y no te faltó agregar nada, o tal vez sí pero seguro es una pequeñez: la mesa principal está lista, la decoración está brillante, la comida que vos y tus viejos prepararon entre mate y mate está lista (y huele sabroso), tus hermanos están de punta en blanco y esa personita está más radiante que nunca.

Y el tiempo empieza a correr…

Dijiste a las diez y a las diez menos cuarto comienzas a poner los snacks sobre la mesa. Las bebidas para la gente grande está en una mesa y para los niños en otra perfectamente acomodadas.

Les pides por favor a tus hermanos que ya no roben las papitas de la mesa hasta que lleguen todos los invitados, no querés sentarte en ningún lado todavía hasta que ellos lleguen y tengas que salir a recibirlos.

22:00 Hs.

Tu familia empieza a ocupar sus asientos y se sirvan los primeros platos calientes que van saliendo del horno. Unos minutos más tarde llegan algunos de tus parientes más cercanos y les ofreces lo mismo.

23:00 Hs.

Pones más comida caliente y más bebidas en las mesas mientras escuchas las risas y las conversaciones de tu familia. Es bello tenerlos a todos juntos disfrutando de la música y el ambiente.

00:00 Hs.

Seguís sacando más comida caliente del horno pero tu familia te dice que ya se llenaron y que ya no quieren más, pero lo mismo haces otra carga porque aún faltan muchos invitados. Mirás alrededor y ves que la comida que habías calculado para todos los invitados aún está ahí.

Te sientas un rato para comer algo de lo que está calentito y de paso conversar con todos, obviamente te permitís un vasito de cerveza para relajarte después de una semana agotadora.

00:30 Hs.

Llegan dos invitados, dos de las veinte que habías invitado, mirás el reloj y te das cuenta que ya es tarde. Con una sonrisa medio inventada les aceptas las disculpas por la tardanza y los invitas a tomar asiento.

Esa hora es ya? Ya no podés seguir esperando a nadie, pero pensás para tus adentros que tal vez está de moda eso de llegar un poco más tarde a las reuniones como para que se vaya poniendo en “ambiente”, tal como lo hacen los adolescentes. Tal vez te sentís medio anticuada y te acordás cuando llegabas temprano con tu regalito bajo el brazo a la fiestita de tus amiguitos del barrio.
Decidías alejar esos pensamientos y esperar unos minutos más…

01:00 Hs.

No van a venir… TE FALLARON

Seguramente pensaste que nunca te pasaría, pensaste que todos vendrían ya que son personas de mucha confianza y todos querían formar parte de esa noche especial… Pero entonces ¿qué pasó?

¿Estaba bien puesta la fecha en la invitación? Obvio sí. ¿El horario? Seguro que sí. ¿La dirección? Todos la conocen. ¿Confirmaron todos? Ahh, eso.

Ajá! No confirmaron todos. Y ahí está el dilema
Das por sentado que aunque no contesten los mensajes de seguro vendrán a la fiesta, pero ¿por qué? ¿por qué dar todo por sentado cuando no debería ser así?. Estamos todos hiperconectados gracias a la tecnología pero seguimos teniendo el mismo problema de falta de comunicación.

Así que te pido un favor a vos mamá, tía abuela, hermana, vecina que hables con tus invitados, no sólo mandar la invitación y ya. Charlá sobre lo que viniste haciendo y cómo van los preparativos de tu fiesta. Contales lo mucho que ansías que llegue ese día y tenerlos a todos reunidos.

Y cuando te llegue a vos una invitación no te hagas la distraída que por andar así dejamos que tantas injusticias sucedan.
Normalicemos lo de “confirmar asistencia”, hacelo por todas esas personas que preparan con tanto esmero una reunión, hacelo por su familia que también pusieron su granito de arena y se sumaron a los preparativos.

Si te invitan a una fiesta y tenés ese día libre ¡andá!, si tenés otro compromiso ese mismo día ¡avisá!. No te cuesta nada más que un mensaje por WhatsApp y así le ahorras a esa familia todo el tiempo y el dinero que han venido invirtiendo.

Es mi más profundo deseo que cada familia disfrute de las fiestas en compañía de todas las personas que aman y que tanto sacrificio y trabajo valgan la pena. En esta época de crisis económica todo se complica un poco más sepan que con poquito se pueden hacer muchas cosas.

Gracias por leerme!